La fotografía, cuando se vuelve modo de vida, deja de ser una técnica y se convierte en respiración. Es mirar el mundo con los ojos del alma despierta, encontrar poesía en lo cotidiano y eternidad en lo efímero. Cada encuadre es una forma de entenderse a uno mismo, un intento de retener lo que el tiempo disuelve. Vivir a través de la fotografía es habitar entre la luz y la sombra, donde cada imagen revela no solo lo que se ve, sino lo que uno es.

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