La narrativa visual en el retrato es una forma de escritura con luz. Cada rostro es un poema que el fotógrafo traduce con encuadres y silencios. No se trata solo de ver, sino de interpretar la vibración interior que asoma en una mirada o en la curva de un gesto. El retrato narra lo que las palabras no alcanzan: el instante en que el ser se revela, aunque sea por un parpadeo.
Como expresó Annie Leibovitz: “Cuando fotografío a alguien, lo que intento hacer es capturar la persona que está frente a mí y también la historia que habita detrás de sus ojos.”

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