Fotoretrato es más que un proyecto fotográfico: es un viaje hacia la identidad, una pausa en el tiempo donde cada rostro se convierte en un espejo que no solo refleja, sino que revela. En el retrato, el instante se transforma en una puerta hacia lo profundo, la mirada del retratado dialoga con su propia historia y la del observador. Allí, entre luces y sombras, ocurre un encuentro entre la piel y la memoria.
Cada fotografía nace del silencio previo. El retratista no captura apariencias, sino que convoca presencias; explora en los gestos, en los matices de la luz y en la respiración de quien posa. En ese intercambio, la imagen se convierte en confesión: la de quien se deja ver y la de quien aprende a mirar. Porque retratar no es congelar un instante, sino despertar un eco que habla desde adentro.
Así, Foto retrato se erige como un espacio de retrospección, donde cada individuo se contempla a sí mismo a través de la cámara, redescubriendo lo que el tiempo y la costumbre ocultan. El retrato se vuelve entonces un espejo vivo, un reflejo del alma que habita en la superficie de la piel, un gesto detenido que respira y que, al ser observado, nos devuelve la pregunta más antigua de todas: ¿quién soy cuando me miro?